sábado, 24 de octubre de 2015

Encuesta de Satisfacción 2016

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A través del siguiente link pueden acceder a la Encuesta de satisfacción de estudiantes INSEDMAG en la asignatura de Lengua Castellana 2016.
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HISTORIA DEL TEATRO EN LATINOAMÉRICA



En la presente entrada se detallan algunos aspectos relacionados con la historia del teatro en América Latina, las características que se han identificado sobre este género a través del transcurrir del tiempo, así como los principales centros teatrales que se han consolidado en los países de Latinoamérica. 



La historia del teatro latinoamericano se divide en 3 periodos:



1. Periodo prehispánico

* Los pueblos originarios de América tenían sus propios rituales.
* Ceremonias que incluían bailes, cantos, poesías, canciones, escenificaciones teatrales, mimos, acrobacias y espectáculos de magia.
* Se crearon plataformas para mejorar la visibilidad.
* Los escenarios eran decorados con objetos naturales.
* Carácter ritual, eran formas de comunión que se celebraban durante las festividades religiosas.
* Consistían en diálogos entre personajes, algunos de origen divino y otros representantes del plano humano.
* Algunos divertimentos servían para resaltar la interpretación cómica, particularmente los zoomorfismos.
* El mundo prehispánico en general poseía un espíritu profundamente teatral.

* Ejemplo: Texto dramático maya, descubierto en 1850, el Rabinal Achí, que narra el combate de dos guerreros legendarios que se enfrentan a muerte en una batalla ceremonial (ninguna influencia de origen europeo).

 2. Período colonial


* Los europeos utilizaron esta herencia teatral para su misión evangelizadora y propagar la doctrina cristiana a la población indígena.
*  Fueron como los indígenas entraron en contacto con lo divino que proponían los hombres blancos.
* Las primeras obras teatrales eran protagonizadas exclusivamente por hombres, incluso los personajes femeninos.
* El teatro era una herramienta potente como manipuladora de una población ya acostumbrada al espectáculo, por lo que el teatro colonial se convirtió en un elemento del poder político en América.

La Época de la Colonia estuvo influenciada culturalmente por lo religioso. Mediante obras de teatro sencillas presentaban la vida de Jesús, su pasión y su muerte. Muchas de las lecturas escritas en el Nuevo Testamento, fueron interpretadas en obras para su mayor comprensión por parte de los indígenas.

3. Periodo poscolonial


El teatro latinoamericano puede ser dividido en los siguientes períodos:

1959-1968: las estructuras dramatúrgicas de proyectos sociales tienden más hacia la construcción de una base latinoamericana más nativa denominada “Nuestra América”.

1968-1974: El teatro intenta obtener una definición más homogénea con modelos europeos. En este período, el teatro latinoamericano pretendió conectar con sus raíces históricas.

1974-1984: Continúa una búsqueda de expresión arraigada en la historia de América Latina.

Actualmente, se celebra en Argentina el Encuentro Latinoamericano de Teatro Independiente (ELTI) donde participan compañías teatrales de Bogotá, Brasilia, Cuzco, Lima, Santiago de Chile y Buenos Aires.

Consultado en: http://www.buenastareas.com/ensayos/Historia-Del-Teatro-En-Latinoam%C3%A9rica/3513596.html



Principales Centros Teatrales en Hispanoamérica:

Los países cuya trayectoria teatral es más rica, no tanto desde el punto de vista de los textos literarios, aspecto en el cual existe una amplia representación a lo largo de toda la geografía latinoamericana, sino por cuestiones de puesta en escena, dirección, interpretación y demás elementos asociados al teatro como un arte escénico, son: México, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Venezuela y Cuba.

México
A partir de la época colonial, el teatro se basó completamente en los modelos europeos. A finales del siglo XVII, destacó en México Sor Juana Inés de la Cruz, autora de Los empeños de una casa, comedia de enredo con influencia de Calderón de la Barca, cuya acción transcurre en Madrid y con personajes típicos de las comedias de la época; Amor es más laberinto, en la cual recurre a personajes de la Mitología griega, y El cetro de José y El Divino Narciso (1688), autos sacramentales en los cuales intervienen personajes mexicanos.

Fue en 1928, con la formación del grupo teatral Ulises, cuando se inició un movimiento de vanguardia y renovación teatral encabezado por Xavier Villaurrutia y Salvador Novo, quienes, junto con Rodolfo Usigli, se dedicaron a la traducción de obras de importantes autores contemporáneos como HenrikIbsen, August Strindberg, Luigi Pirandello, Henri Lenormand, Bernard Shaw, Antón Chéjov, Eugene O'Neill y otros muchos.

De los trabajos de Villaurrutia, Novo y Usigli surgió más tarde el teatro universitario y la carrera de Literatura Dramática y Teatro de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Los tres, junto con Celestino Gorostiza, formaron importantes generaciones de actores, directores y dramaturgos y gracias a ellos el teatro mexicano comenzó a adquirir personalidad y a tratar problemas propios tomando como punto de partida la realidad del espectador a quien va dirigido. El primer gran dramaturgo mexicano es, sin lugar a dudas, Rodolfo Usigli, autor de una gran producción rica en matices. Entre sus obras destacan: El gesticulador (1937), Corona de sombras (1943), Corona de fuego (1960), Corona de luz (1963) y Los viejos (1970).

Son importantes también los nombres de Óscar Villegas, hábil autor cuyas obras poseen una fuerza dramática impresionante; Willebaldo López, Pilar Campesino, Hugo Iriart, Jesús González Dávila, Óscar Liera, Juan Tovar, Víctor Hugo Rascón Banda, Sabina Berman y, recientemente, Hugo Salcedo, ganador en 1989 del Premio Tirso de Molina por El viaje de los cantores. Cada año se celebran en México dos importantes festivales artísticos internacionales en los cuales el teatro tiene un papel preponderante, el Festival Cervantino de Guanajuato y el Festival de la Ciudad de México.

Argentina
Como en el resto de los países latinoamericanos, el teatro Argentino acusó una gran dependencia del teatro europeo (español, italiano y francés) hasta finales del Siglo XIX.
El teatro en Argentina presenta antecedentes en ritos indígenas, manifestaciones africanas y representaciones coloniales y poscoloniales de origen español-americano. También tuvo su origen del circo criollo en las últimas décadas del siglo XIX, con un carácter popular. El teatro argentino tomó identidad a través de expresiones particulares como el sainete -principalmente-, la pieza cómica, el grotesco, y la revista criolla. 

En 1886, el Circo de los hermanos Carlo encargó a Eduardo Gutiérrez la adaptación de su novela Juan Moreira (1879) para ser presentada como espectáculo ecuestre-gauchesco-circense. Las obras del ciclo gauchesco sitúan su acción en La Pampa y tratan de los abusos e injusticias sufridos por los gauchos, la defensa de valores sociales y los conflictos con las autoridades debidos a la desigualdad social.

El realismo se estableció con Florencio Sánchez, que, aunque nacido en Uruguay, ganó su prestigio internacional en Argentina con obras como Barranca abajo (1905). En contraposición con el realismo se sitúa el teatro de Conrado Nalé Roxlo con comedias como El pacto de Cristina (1943) o La cola de la sirena (1944), dramas de vuelo poético y más cercanos al simbolismo.

Durante la década de 1930 se formó el Teatro del Pueblo, grupo teatral que mostró gran interés por la experimentación y la búsqueda de nuevas técnicas escénicas que dejaron a un lado el teatro de autor para centrarse en la figura del director. Esto tuvo como consecuencia la formación de un nuevo público, más intelectual y menos popular, interesado por la renovación vanguardista.

El régimen militar y su censura dieron paso a obras grotescas y simbólicas alusivas a la situación social; a este ciclo pertenecen La nona (1977), de Roberto Cosa, y Telarañas (1977), de Pavlovski. Otros esfuerzos de protesta contra el régimen fueron los realizados por el Teatro Abierto, fundado en 1981, dedicado a representar obras de autores reconocidos y de jóvenes valores, entre los que destaca Eugenio Griffero con El príncipe azul (1982), que trata sobre los roles sociales rígidos que llevan a la traición de los más auténticos y vivos sentimientos. Con el restablecimiento de la democracia, la fórmula teatral imperante perdió su sentido y la escena volvió a ser ocupada por los autores ya consagrados, como Gambaro, La mala sangre (1982); Pavlovski, con Potestad (1985), y Roberto Cosa con Los compadritos.

Uruguay
Durante las décadas de 1970 y 1980 destacó la actividad de El Galpón, grupo que se caracterizaba por el cuidadoso trabajo de dirección y la preparación de actores. Al desintegrarse, a mediados de 1980, varios de sus miembros afincados en México fundaron Contigo América, dirigidos por Blas Braidot.

El régimen militar instaurado a partir de 1973 lanzó al exilio a los dramaturgos más importantes comprometidos con la situación político-social. Tal situación paralizó casi completamente la actividad teatral del país.

Durante la representación los espectadores se situaban en butacas apoyadas en los muros, de tal manera que ninguno poseía el mismo punto de visión, lo cual daba la impresión de estar asistiendo como espectador accidental a la actividad cotidiana de los personajes. Las dictaduras militares han afectado de diversos modos a la producción teatral en Sudamérica: en algunas ocasiones la han hecho desaparecer; sin embargo, en otras, su censura ha estimulado la búsqueda de nuevos recursos dramáticos y escénicos.

Chile
Dentro del panorama teatral chileno destacan Egon Wolf con su obra Los invasores (1964), que, escrita bajo la concepción del teatro del absurdo, resulta ser una violenta farsa en la cual enfrenta a representantes de la clase burguesa con la 'turba de desarrapados', carente incluso de los recursos más elementales, que invaden sus casas. Otro de los autores consagrados es Jorge Díaz, cuyas obras más importantes son El cepillo de dientes (1960) y Réquiem por un girasol (1961).

Perú
Es importante resaltar el trabajo del dramaturgo Sebastián Salazar Bondy (1924-1965) con El fabricante de deudas (1962) y Rabdomante (1965). En todas ellas aborda temas de la realidad social de su país en tono de farsa y basado en técnicas brechtianas.

Colombia
Es uno de los países donde la actividad teatral a nivel de propuestas escénicas de creación colectiva se ha desarrollado con más fuerza. Destacan los trabajos experimentales de Enrique Buenaventura (La tragedia de Henri Christophe, 1963) a la cabeza del Teatro experimental de Cali (TEC). Otros grupos importantes son La Candelaria y El Búho. Tiene gran importancia a nivel internacional el Festival Teatral de Manizales.

El teatro en Colombia fue introducido durante la época de colonización española que se dio entre 1510 y 1810. Los españoles llevaban compañías de zarzuela esporádicamente. En la colonia hubo manifestaciones teatrales poco autóctonas y mas bien influenciadas por estilos y temas europeos, con escasa presencia de temas americanos.

Durante el siglo XIX, el teatro colombiano no mantiene una tendencia constante, como ocurrió en la colonia. Así que podemos analizar el teatro de este periodo cuatro fases.
1– En los años de la independencia (1810-1825) se pone en escena teatro de corte neoclásico en el que se representan tragedias, comedias y sainetes con temas indígenas .
2– Estancamiento y retorno al teatro de tipo colonial y a los divertimentos circenses, entre 1835 y 1860. Hay una gran preferencia por el melodrama.
3– Reacción contra el melodrama entre los años 1850 y 1870 con la fundación de la compañía dramática nacional, en la que sus autores buscaron un teatro que reaccionara contra la irracionalidad religiosa y política que entonces había.
4– Retorno del predominio de un teatro escapista, frívolo, creado dolo para la diversión, durante las décadas del siglo XIX.

A finales de siglo XIX y comienzos del siglo XX el más importante centro teatral de Colombia eran los teatros Colón y Municipal en Bogóta, edificadas al estilo italiano el interés por el teatro colombiano se extendió en las ciudades de Colombia en las primeras décadas del siglo XX se edificaron diferentes teatros en Cali, Medellín, Popayán y otros centro urbanos, en un proceso que contribuye en la aparición de autores y compañías teatrales.

Durante esta época, el teatro asume una posición crítica frente a la sociedad moderna. Se ocupa del hombre corriente, de su entorno familiar y cultural y de su psicología.
También es un teatro de critica a la felicidad y a la comodidad del mundo de vida burgués, a la lógica del mundo capitalista, que pretende hacer creer que es la única opción válida.

El movimiento teatral colombiano ha tenido un notable desarrollo en la segunda década del presente siglo y en particular, durante las últimas tres décadas, en las cuales se han consolidado grupos, así como escuelas, festivales, encuentros, talleres y giras nacionales e internacionales, lo que ha permitido una positiva confrontación e intercambio del teatro colombiano con otros movimientos de América Latina y España.

En 1990, Siglo XXI publicó un tomo con las piezas más representativas de Buenaventura, que incluye, aparte de "Los Papeles del Infierno", otros títulos como: "Un Réquiem por el Padre Las Casas", "El Menú", "Se hizo Justicia", "Crónica" y "El ánima sola". Esta última, una versión teatral de otro cuento de Tomás Carrasquilla.

Venezuela
En este país destaca la actividad del grupo Rajatabla, así como la labor del autor Román Chalbaud; su obra Los adolescentes (1961) es ganadora del Premio Ateneo de Caracas; también destacan Caín adolescente (1955), Réquiem para un eclipse (1957) y Sagrado y obsceno (1961), que constituyen todas ellas una crítica contundente a la realidad sociopolítica venezolana.

Isaac Chocrón es uno de los renovadores del teatro venezolano con obras como Mónica y el florentino (1959), Animales feroces (1963) y La revolución (1972).

Cuba
En Cuba destaca la labor de Virgilio Piñera, que con Electra Garrigó (1948) se convirtió en el autor más importante de su país. A estas siguieron varias obras grotescas, a la manera del teatro del absurdo, estilo que dominó toda su primera producción y que abandonó más tarde para lograr un realismo profundo y conmovedor a la manera de Chéjov con Aire frío (1959).

El gran logro del teatro latinoamericano puede ser sintetizado en la superación de las influencias culturales a las que se ha visto expuesto constantemente, pero, sobre todo, a la adecuación con su realidad social, para cuya transformación ha sido instrumento puntual y constante.










Elementos del teatro

La Obra Dramática



Conflicto:
Una de las características que define la obra dramática, es que a través de ella siempre se presenta un conflicto humano, más o menos universal.En las obras dramáticas, nadie cuenta lo que sucede. En ellas ocurren hechos y se expresan sentimientos. Pero todo eso se hace a través de los personajes y sus acciones.

La acción:
Constituye la parte más importante de la obra dramática.
Está ocurriendo algo-y ese algo está ocurriendo en este preciso momento, que vuelve a ser presente cada vez que leemos una obra dramática, o que vemos una obra teatral.
Qué está sucediendo; nos enteramos de ello a través de las acciones de los distintos personajes.La acción está basada en un conflicto.

Instancias:
Son los distintos momentos de la acción que se nos representan en una obra dramática.

Recuerda que las obras de teatro no se dividen en capítulos, sino en actos. Hay obra de teatro de cinco actos, de tres actos o de dos actos…

Los actos, a su vez, pueden dividirse en cuadros: divisiones más pequeñas.

Llamamos escena a la parte del texto marcada por la entrada o salida de un personaje a escena.

Los personajes:
Los personajes constituyen el segundo elemento dentro del mundo dramático. Son seres creados por el dramaturgo, que cobran vida en la ficción de la obra. Ellos dicen su parlamento y, a través de sus palabras, nos ayudan a configurar la acción.

Recuerda que tanto los personajes como la trama son importantes a la hora de determinar los subgéneros teatrales. Así, las tragedias suelen estar protagonizadas por personajes nobles a los que les suceden cosas extraordinarias. Por su parte, las comedias lo están por personajes vulgares. El desenlace desgraciado o feliz es importante a la hora de determinar si se trata de una tragedia o de una comedia.

El lenguaje:
Dentro de la obra dramática, se presenta un lenguaje acotado o acotaciones.
Todo el lenguaje que se usa para dar forma a la conversación, es lo que denominamos parlamento, es decir, lo que los personajes dicen.

- Las acotaciones o indicaciones que el autor ofrece al director o a los actores sobre la manera de representar la obra.
– Los diálogos monólogos de los personajes, que representan una parte fundamental en la construcción de la trama. Recuerda que las obras teatrales carecen de voz narrativa; los acontecimientos se van engarzando a partir de los parlamentos de los propios personajes.
– Los apartes pensamientos que un personaje dice en voz alta para que el público lo escuche, pero no el resto de personajes.

Recuerda que deben tener en cuenta los signos de puntuación que le dan sentido a los guiones teatrales: paréntesis, comillas, guiones, admiración, interrogación y dos puntos.

El ambiente (espacio y tiempo)

El Espacio: 
Refiere tanto al lugar geográfico como al lugar físico en que se sitúa la obra. Los decorados que están detrás y alrededor de los personajes.
El espacio físico es particularmente importante para el director.

El Tiempo: 
Se relaciona con la duración que se estipula para cada acto, cada escena y la historia en general. también se debe tener en cuenta la época, el contexto histórico-social, el clima atmosférico, etc.

El Vestuario: 
Es importante proveer a los actores de un vestuario apropiado para caracterizar a sus respectivos personajes.







Realiza la lectura del siguiente artículo de opinión escrito por la periodista Roxana Gutiérrez y escribe una cuartilla de reflexión al respecto.


Impacto del teatro en América Latina


Por: Roxana Nayelli Gutiérrez Zepeda
Guadalajara - México


La existencia de un teatro prehispánico ha sido muy discutida ya que no se tienen muchos datos sobre cómo pudieron haber sido las manifestaciones artísticas de los pueblos precolombinos, muchas de ellas eran rituales mágicos, y más que espectáculos o artes escénicas, eran formas de comunión que se celebraban durante las festividades religiosas. Las representaciones rituales precolombinas consistían básicamente en diálogos entre varios personajes, algunos de origen divino y otros de simples humanos mortales.

Hay un vestigio muy importante de los primeros textos de artes escénicas en Latinoamérica, fue encontrado en Yucatán, México, y se trata del único texto dramático maya, descubierto en 1850, llamado el Rabinal Achí, en el que se narra el combate de dos guerreros legendarios que se enfrentan a muerte en una batalla ceremonial. Su representación depende de elementos teatrales como el vestuario, música, danza y expresión corporal, sin ninguna influencia de origen europeo.

El resto de las tradiciones rituales sobreviven debido a la fusión de las culturas autóctonas con la europea y española, con lo que se muestra hasta hoy un aspecto singular que no corresponde ni al indígena ni al español. Tal es el caso de las celebraciones religiosas populares mexicanas de Semana Santa en Iztapalapa y en Taxco o la tradicional celebración del Día de Muertos.

Los esfuerzos de evangelización de los misioneros españoles se apoyaron en el teatro, que fue el instrumento básico para formar una mentalidad distinta a la cosmovisión indígena, así también como para informar de la concepción del mundo europeo. Las representaciones sacramentales se basaban en la música, los trajes, cantos y bailes que facilitaban la comunicación entre el espectáculo y el público que aún no dominaba el idioma español. De este tipo de teatro sobreviven las "pastorelas", obras de carácter tragicómico que aún se practican en México antes de la Navidad, y representa las 'tentaciones' que son puestas por unos diablos cómicos, y que deben ser superadas por los pastores en el camino hacia el portal de Belén para adorar al niño Jesús.

El teatro latinoamericano a principios del siglo XIX, estuvo muy influido por el teatro español, pero en el siglo XX, con la llegada de la corriente del realismo y las vanguardias europeas, el teatro latinoamericano empezó a preocuparse de su realidad particular y a buscar sus propias técnicas de expresión.

¿Por qué hacer teatro? En aquel momento, Latinoamérica se encontraba agobiada por muchos problemas políticos y existía una gran necesidad de concientizar a la gente. De ahí surgieron varios teóricos y dramaturgos destacados, como el colombiano Enrique Buenaventura y su trabajo en el Teatro Experimental de Cali.

La preocupación de las artes escénicas, era la de hacer del teatro un instrumento de discusión de la realidad social sin dejar de lado el aspecto espectacular, artístico y estético del mismo.

El teatro es un reflejo de la época en que se presenta, ya que es el reflejo de una realidad social y de unas circunstancias determinadas, que van cambiando conforme se mueven las coyunturas del tiempo y el espacio; las artes escénicas, representan lo que ocurre en el entorno y las transformaciones profundas que experimenta la cultura y la civilización latinoamericana.

El teatro se ha ayudado de la palabra con la finalidad de dar a conocer los contornos del mundo; reúne en gran medida los valores, creencias e imágenes de una cultura que ha sido básica para el desarrollo de la sociedad, y es para la gente que se hace el teatro. El tipo mensaje que se quiere transmitir al público, siempre ha estado determinada por las preferencias del mismo.

El nuevo teatro que se posiciona en Latinoamérica a partir de la década de los sesenta, tenía como fin redefinir los términos de una realidad que se fundamentaba sólo en el poder referencial de la palabra, ampliando sus dimensiones significativas a otros códigos teatrales no verbales.

La necesidad de hacer teatro, surge de manera independiente a todos los acontecimientos de la realidad en la que se vive en América Latina, pues viene del impulso humano por comunicar y transmitir los sentimientos, pensamientos y emociones a otras personas para que puedan “vivir” de cierta manera, algo que es ajeno a ellos y que pueden experimentar a través de las artes escénicas.


Hoy en día, es necesario poner énfasis en el rescate de la práctica teatral, ya que con los avances tecnológicos, la televisión, el cine y los medios de comunicación, esta tradición se esta perdiendo en muchos partes de Latinoamérica. Se debe de promover la cultura de nuestro teatro y fomentar sobre todo a los jóvenes a participar en este tipo de actividades, ya que de nosotros depende que esta practica mágica y ancestral se pueda preservar para las generaciones futuras y por siempre.







Compilación: Lic. Jainer Gutiérrez Caballero (2013)